“Las poderosas aguas no pueden apagar al amor” Cantar de los Cantares 8:7
Creo que estas palabras lo encierran todo, en ellas están tu presente, tu pasado y tu futuro. Desde el momento en el que Dios permitió que te diera a luz, pasando por la inmensa alegría de escuchar tus balbuceos y verte caminar, hasta las largas noches que pasé al lado tuyo acompañando tus dolores; entendí que el amor de una madre superaría las más fuertes aguas.
Cuando pasaba por tu cuarto y el de tus hermanos, cuidando de sus sueños y viéndolos descansar, aunque el día hubiera sido duro, me sentía fuerte otra vez y mi corazón se animaba. No fue hace mucho tiempo de hecho, y la verdad, es como si hubiera sido ayer que corrías en el patio como todo niño. Sin embargo todo paso tan rápido, como si de un remolino se tratara. Y con el pasar de los años te convertiste en un adolescente inquieto, lleno de fuerza, alegría, tristeza y una fuente de pasiones y sueños innumerables.
Ahora, otra vez me sorprendo, porque parece que los días pasaran más rápido de lo que cualquiera cree. El niño, el adolescente y el joven de ayer, hoy toman la decisión de un hombre. Con certeza puedo decir que aquello que, tan llanamente, dice en el Cantar de los Cantares es cierto. “Las poderosas aguas no pueden apagar el amor”, porque el amor está en ti y en Karina, construyendo y conquistándolo todo día a día.
Hoy queremos decirte, Karina, bienvenida a la familia. De parte de cada uno de nosotros, puedo darte la bienvenida: hija y hermana. Debes saber que te amo como hija y estoy orgullosa y feliz de que Gastón te haya escogido como esposa. También espero que sepas que mis brazos estarán abiertos cuando los necesites. Me gustaría que recordaran el hecho de que, aunque haya partido, estaré siempre junto a ustedes. Y tu Gastón, así como todos tus hermanos, deberás tener siempre presente cada uno de mis abrazos, porque para eso los había guardado.
Deseamos que a partir de este momento crezcan apoyándose el uno en el otro, convirtiéndose en pilares, dándose ánimos y fuerzas para enfrentar el futuro. Mírense como los esposos, amantes, amigos y compañeros que son en esta nueva etapa. Edifiquen su familia y sean de buen ejemplo a los hijos que vendrán. Finalmente me gustaría decirles que, de ahora en adelante, dejaron de ser simplemente dos personas para ser uno en el Amor. Con la bendición de Dios, felicidades ¡Salud!
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