sábado, 25 de febrero de 2012

Reflexiones de un Poeta "renegado"


Inclinado hacia adelante contempló el precipicio. ¡L a fuerza de las olas golpeando los riscos no tenía comparación! Si caía, el mar iba a asegurarse de perderlo en su inmensidad  sin dejar rastro.  Pensándolo  así,  podría convertirse en un mito, un tritón, uno más de aquellos ancestrales seres.  Uniéndose para siempre al mar, su existencia traspasaría  el límite entre lo mortal y la misma eternidad. ¡Existiría en el éter! Sin embargo, antes de seguir con toda la sarta de tonterías que rondaban su mente,  sacudió la cabeza. No quería morir siendo tan joven. A pesar de ser un exacerbado admirador de los “poetas malditos”, personalmente, no le apetecía la muerte. Principalmente si su legado aún no estaba plasmado en papel.  Tenía toda una vida por delante, su fama aún debía expandirse y crecer.

Además sus familiares y amigos lo extrañarían demasiado. ¿Qué diría su novia si bajaba al averno antes de despedirse?  Probablemente bajaría también, aunque solo para reclamarle por haberse atrevido a dejarla solo con el jerbo, los gatos, el perro, y la boa-mascota. ¡Y los pobres animalillos! ¿Quién los alimentaría si no era él? Silvina probablemente los dejaría solos para participar en marchas y protestas defendiendo los derechos humanos. Y los animalitos pasarían hambre, frío y peripecias durante ese tiempo. Sin embargo, era probable que la boa sobreviviera a los otros, especialmente al jerbo. Su tía Marian y su mejor amigo aún culpaban al inocente ofidio de la desaparición de un abrigo de armiño y “Pucky” el súper hámster.

 ¡Pero se estaba desviando del tema! En conclusión no quería morir, no por lo pronto. ¡Moriría! antes de… ¿Morir?  Eso no tenía sentido, lo cual significaba que la altura se había cansado de su raciocinio y ahora se entretenía con su ingenio.  Se alejó, temiendo que lo próximo en ser afectado sería la coordinación,  y caería al abismo sintiéndose miserable e incompleto. Una vez a cinco metros del acantilado, recordó a las mascotas de nuevo y decidió que era hora de volver a casa. De otra manera sería el jerbo y no él quién bajaría al Hades ese día.


Idea Original © Saraí Hoyos
Texto © Saraí Hoyos

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domingo, 19 de febrero de 2012

En el día de tu Boda...

 “Las poderosas aguas no pueden apagar al amor” Cantar de los Cantares 8:7

Creo que estas palabras lo encierran todo, en ellas están tu presente, tu pasado y tu futuro. Desde el momento en el que Dios permitió que te diera a luz, pasando por la inmensa alegría de escuchar tus balbuceos y verte caminar, hasta las largas noches que pasé al lado tuyo acompañando tus dolores; entendí que el amor de una madre superaría las más fuertes aguas.

Cuando pasaba por tu cuarto y el de tus hermanos, cuidando de sus sueños y viéndolos descansar, aunque el día hubiera sido duro, me sentía fuerte otra vez y mi corazón se animaba. No fue hace mucho tiempo de hecho, y la verdad, es como si hubiera sido ayer que corrías en el patio como todo niño. Sin embargo todo paso tan rápido, como si de un remolino se tratara. Y con el pasar de los años te convertiste en un adolescente inquieto, lleno de fuerza, alegría, tristeza y una fuente de pasiones y sueños innumerables.

Ahora, otra vez me sorprendo, porque parece que los días pasaran más rápido de lo que cualquiera cree. El niño, el adolescente y el joven de ayer, hoy toman la decisión de un hombre. Con certeza puedo decir que aquello que, tan llanamente, dice en el Cantar de los Cantares es cierto. “Las poderosas aguas no pueden apagar el amor”, porque el amor está en ti y en Karina, construyendo y conquistándolo todo día a día.

Hoy queremos decirte, Karina, bienvenida a la familia. De parte de cada uno de nosotros, puedo darte la bienvenida: hija y hermana. Debes saber que te amo como hija y  estoy orgullosa y feliz de que Gastón te haya escogido como esposa. También espero que sepas que mis brazos estarán abiertos cuando los necesites. Me gustaría que recordaran el hecho de que, aunque haya partido, estaré siempre junto a ustedes. Y tu Gastón, así como todos tus hermanos, deberás tener siempre presente cada uno de mis abrazos, porque para eso los había guardado.

Deseamos que a partir de este momento crezcan apoyándose el uno en el otro, convirtiéndose en pilares, dándose ánimos y fuerzas para enfrentar el futuro. Mírense como los esposos, amantes, amigos y compañeros que son en esta nueva etapa. Edifiquen su familia y sean de buen ejemplo a los hijos que vendrán. Finalmente me gustaría decirles que, de ahora en adelante, dejaron de ser simplemente dos personas para ser uno en el Amor. Con la bendición de Dios, felicidades ¡Salud!