No, no soy muy joven para morir, de hecho parece como si pesaran sobre mi cabeza cientos de años. Tampoco soy demasiado pura como para no pasar por la espada. La ignorancia me dejó hace diez años atrás, como a todos tal vez. Quizás humilde dirás, no, tampoco. La humildad fue algo para lo cual no me educaron. El orgullo y la dignidad, por otro lado, se irguieron como los pilares que me sostuvieron hasta hoy. No siento deseos de morir, si es que te lo preguntas, de hecho es todo lo contrario ¿Quién, siendo sinceros, ansía morir? Incluso los guerreros más gallardos desean seguir viendo el rostro del sol. La valentía fue mal definida. No es el sinónimo de un anhelo suicida, o el equivalente de “estupidez”. Es, en realidad, el enfrentamiento de los demonios de uno mismo en el campo de batalla. Y antes de que digas algo, no, tampoco creo ser valiente.
Soy digna, eso sí, porque elegiré la muerte antes que la cama de un soldado. Aún así, tengo miedo. No quiero morir, pero esta es una opción noble, a diferencia de la humillación en la casa de un griego. Estoy, como verás, eligiendo el menor de los males, la manzana menos humillante que me ofrece el destino. No soy ingenua, ya te he dicho que todo aquello me fue arrebatado hace diez años atrás. Tampoco creo que serviría si es que lo fuera. Mentir valdría la pena si no tuvieras al mejor en ese campo como compañero de armas. Ellos comprenden lo suficiente como para depositar mi muerte en tus manos, y a la vez su conocimiento es demasiado escaso para ahorrarles las penurias.
Soy digna, eso sí, porque elegiré la muerte antes que la cama de un soldado. Aún así, tengo miedo. No quiero morir, pero esta es una opción noble, a diferencia de la humillación en la casa de un griego. Estoy, como verás, eligiendo el menor de los males, la manzana menos humillante que me ofrece el destino. No soy ingenua, ya te he dicho que todo aquello me fue arrebatado hace diez años atrás. Tampoco creo que serviría si es que lo fuera. Mentir valdría la pena si no tuvieras al mejor en ese campo como compañero de armas. Ellos comprenden lo suficiente como para depositar mi muerte en tus manos, y a la vez su conocimiento es demasiado escaso para ahorrarles las penurias.
No soy inocente, llevé a tu padre a la tumba y lo haría otra vez. Así, le otorgué unos días más de vida a mi pueblo, así demore nuestro final. Tampoco ejecute una venganza, en la guerra se mata y se muere, es ley como tú sabrás. La sangre de Aquiles jamás podría pagar el precio por la de mis hermanos, ni siquiera ríos de sangre griega lograrían algo así. Ahora puedo agregar que soy leal, sólo a mi pueblo sí, pero la lealtad se trata de eso ¿O no? Sólo puede ser entregada a una sola persona, o a un solo bando, esa es su esencia.
No miento si digo que soy una doncella, de tu edad casi, y de tu mismo rango. Soy una princesa, sangre real corre por mis venas, al igual que corre por las tuyas. Siendo así es lógico que tengamos deberes, el título no viene sólo, siempre hay una obligación a cumplir. La tuya, es levantar esa espada para calmar las peticiones de tu padre y de tu nación. La mía, es llevarme los recuerdos y la gloria de Troya a la tumba. Conmigo, como con el pequeño Astianax, se va la esperanza de Ilión. Tus sacerdotes y adivinos ya lo vieron, en nosotros descansa el espíritu de Príamo, de Héctor; del gran Escamandro.
Por la ambición y el temor matan a un infante, matan a una doncella ¡Y se hacen llamar hombres! Bárbaros es lo que son, bárbaros como tu padre, que, no contento con matar a dos de mis hermanos más queridos manchó el nombre de nuestra casa. Bárbaros como tú, que no te detuviste ante el altar de Zeus. Antes bien manchaste la frente de mi padre con la sangre de Polites, su propio hijo, para luego arrastrarlo a su propio fin.
¿Estás confundido, asesino? ¿Qué le sucede a tus ojos? Levanta ya el acerado filo y termina con esto, porque si no lo haces la casa de Ilión resurgirá de la muerte. Termina con tu trabajo y envíame al Hades para reunirme con mi familia; la única por la cual puedo lamentarme es mi madre, su dolor aumentará con esta última muerte. Acaba con la dolorosa e irritante broma, mi dignidad me ha sido finalmente arrancada al caminar desde la tienda hasta este lugar en un vestido de nupcias. ¿De quién ha sido la idea? ¿Acaso del ingenioso Ulises o del nefasto Calcas? ¿Decidieron también quién sería el novio, o tendrás que compartirme con tu padre? ¿Neoptólemo o Aquiles? Finaliza el trabajo de tu progenitor y borra de la faz de la tierra a la descendencia de Dárdano. Troya ha caído y yo soy la última piedra ¿Por qué tantas dudas? ¿Qué veo en tus ojos? Ya me has quitado el velo, cierra el acto con mi muerte. No esperes que agache la cabeza, no dejaré que mi orgullo también me sea quitado, aún tan cerca de la muerte. ¿Qué te demora? ¿Acaso son los gritos, los llantos o las súplicas? No escuches, lo repetiré nuevamente prefiero esto al aposento de cualquier griego; menosprecio la esclavitud. Haz tu oficio que para eso fuiste concebido y entrenado. Hijo de Aquiles, desposa ya a la novia y conviértete en el vengador de tu padre. Presta atención a mis palabras, que me burló de la muerte y me río también de ti. Mírame bien y asesta el golpe mortal, que el hado me hace libre de una vida de esclavitud a tus pies. ¿Qué veo en tu mirada? No entiendo su lenguaje, demasiadas emociones hay allí. Emociones que no existen en ti, que no debieran existir. Dime príncipe ¿Cuál de ellas es la que provoca tu llanto? Porque, finalmente, mientras mi cuerpo toca la tierra que me vio nacer, entiendo que lo que corre por tu rostro, son lágrimas.
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